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con qué sueñan los yaguaretés?
jacqui casais
noviembre 2025

Sábado a la mañana, día de feria.
Tomamos mate en el patio. Pinqui, mi novio, tiene a Primavera en la falda. Sus brazos están llenos de rasguños, cicatrices y heridas nuevas. Él le juega, y ella se entusiasma, lo araña otra vez con las patas de atrás, las que tienen las uñas más gruesas.

-Imaginate si pesara cincuenta kilos, como un yaguareté- le digo, mostrándole mis propias marcas. La más nueva es de hace tres días: se asustó por el timbre mientras dormía a upa.

Me voy a la feria. Pasan amigxs a saludar, a llevarse libros. A mí me parece un milagro: me emociona ver cómo nos juntamos librerías y librerxs, lectorxs y escritrxs, buscando una salida, o al menos resistiendo con lo que nos queda, contra el vaciamiento. Qué lindxs sujetxs lxs librerxs, qué suerte que este sea mi pequeño mundo.

Caen mis amigos Ale y José. Van camino a una lectura y aprovechan para comprar algunos libros para regalar. El apuro que tienen es inversamente proporcional a las ganas de conversar que tenemos siempre que nos vemos, sobre libros, cine, los últimos recis y, sobre todo, de animales.
Palabras van, palabras vienen. Les confieso que nunca leí a Stephen King, aunque vi varias de sus películas, y pienso seguir por esa línea: me gusta leer otras cosas. Ale me recomienda Cujo, “el del perro asesino”, dice, sabe que me gustan las películas donde los animales se rebelan.

La charla sigue.
-Spielberg dice que se arrepiente de Tiburón porque alentó la caza furtiva-les comento y volvemos a Cujo, y José cuenta que en EEUU, con el crecimiento de la población, la gente se expande hacia nuevos lugares, desplazando el hábitat de especies nativas como coyotes y lobos. Así aparece el coyolobo, un híbrido entre ambos.

Hablamos de los perros asilvestrados de Ushuaia, que atacan al ganado pero comen basura; y de los aguará guazú que se acercan a las ciudades, obligados por ese mismo desplazamiento. De los carpinchos bebés envenenados en Nordelta. José ama a los perros, pero me dice tiene terror, en realidad, fobia, a las arañas.
Le digo que las arañas controlan plagas, como los mosquitos, igual que las lagartijas con las cucarachas. Pero inmediatamente le pido disculpas, sé que las fobias no se eligen. Y me doy cuenta de otro error mío: defender una especie por su utilidad, como si ser funcional a los humanos fuera una virtud.

De vuelta en casa, acomodamos los libros. Me llega una notificación: la noticia de Acaí, la yaguareté que había desaparecido tras ser liberada en Chaco, en un parque protegido "(...)las autoridades confirmaron el hallazgo del rastreador sumergido en el río Bermejo y con signos de daño intencional. Por este motivo, aumentó la preocupación por el estado de Acaí entre los responsables de la conservación de esta especie en el norte argentino."  Se lo comento a Pinqui. Recordamos que Milei habilitó la compra de armas y la exportación de fauna.

Esa noche sueño.
Cruzo San Juan y Boedo para hacer las compras. Solo una franja de la avenida está cortada: en el asfalto, muerta, yace una yaguareté inmensa. La habían atropellado. Me acerco. Su piel tiene un brillo casi anfibio. Nunca vi algo tan hermoso. Está muerta y me quiebro de dolor. Nadie hace nada. “Van a venir a buscarla rápido”, pienso.

Más tarde vuelvo a cruzar. Su cuerpo sigue ahí, entre autos y personas. Nadie la mira. Yo la miro otra vez, menos impresionada, como si fuera algo normal. Los vecinos quieren cortar la calle; una chica dice que vio cómo la atropellaron. Pero unxs jóvenes aprovechan el corte para reclamar por los despidos en Coto, y a nadie le importa la yaguareté, que desde Chaco había llegado hasta Boedo para morir bajo las ruedas de un auto.

Me despierto, a eso de las seis. Pinqui duerme con Primavera en los pies, Alaska, sobre mí, ronronea fuerte.

Primero me acuerdo el poema This is Tijuana de Sayak Valencia, donde cuenta que en su regreso a Tijuana tras sus estudios en Europa, ve un torso en medio de la calle y a la gente indiferente acostumbrada a esta violencia. Pienso en que no quiero ser indiferente. Pienso en cómo el sueño procesa la información. En cuánta animalidad hay en mí día a día. En lo lejos que estoy de Chaco. Pienso en el mascotismo.
Recuerdo el documental Don’t F**k with Cats (No te metas con los gatos). Pienso en el mascotismo y en lo que la gente hace por defender lo que siente como suyo: lo que domestica, lo que puede someter o lo que le sirve como compañía. No sabemos admirar: queremos poseerlo todo. No podemos simplemente aplaudir desde abajo del escenario; queremos ser Dios. No admiramos a ninguna otra especie: las queremos funcionales, esclavas, bajo control.

Acaricio la herida que me hizo Primavera en el brazo, y después la cicatriz que me dejó Alaska en la cara, agradezco que me recuerden el peligro, que me recuerden que yo también soy un animal, y le agradezco a mi sueño que me pide que no me cure de espanto.

Me pregunto qué sueñan mis gatas. Sé que saben admirar la belleza, porque las veo contemplar el cielo y cerrar los ojos cuando el viento les acaricia los bigotes. Me pregunto qué sueña una yaguareté.

Pienso en la yaguareté de cincuenta kilos, indefenso ante los cazadores furtivos. Pienso en este mundo que poblamos de gente y vaciamos de belleza bajo la imperiosa necesidad de controlarlo todo.

                                                                                     Jacqui Casais

https://www.infobae.com/sociedad/2025/11/08/denunciaron-la-desaparicion-de-acai-la-yaguarete-silvestre-que-habia-sido-liberada-en-el-impenetrable-de-chaco/ 

cómo 
por qué
para qué
reflexiones sobre la poesía en la era de la productividad 

jacqui casais
mayo 2025

        ¿cómo nombrar con esa boca,
cómo nombrar en este mundo con esta sola boca en este mundo con esta sola boca?

Olga Orozco

 

       Armando un encuentro del taller sobre Pablo Paredes, un poeta chileno que adoro, me di cuenta de que “Cuidado con el perro quiltro”, ese poema nuevo, que sentí escrito para mí, ya tenía más de 10 años...

         Los poemas cambian. Ese mismo poema, con cada uno de sus versos, iguales en el tiempo, iguales para mí, distintos para el tiempo… Los poemas cambian.

          Pero cada vez que leo “me gustan los nombres que avisan la pobreza” me pregunto de nuevo como esa primera vez que lo leí (y luego recité en vivo hasta saberlo de memoria) para qué escribir poesía. ¿Para llamar a alguien? ¿Para darse un nombre? ¿Para vengar la sepultura de la palabra y revivirla, revivirla para preguntarle? “Esos nombres que dicen cuidado con el perro quiltro, que marcan terreno, que avisan la selva.”

          No sé para qué escribo poesía, pero sí sé para qué la leo: para bautizarme, para darme un nombre, para saber quién soy, para saber quién fui.

           Entre la superproducción de música y libros y el poco tiempo para que todo eso sea "alcanzado" por otrx, ¿en qué anda la poesía? ¿Sigue habiendo ahí afuera un otrx al que le habla? ¿Para quién o para quiénes escribimos si no hay nadie leyendo poesía? ¿Se convirtió la poesía en mera terapia? ¿Es solo envase que hay que llenar de palabras hasta tener una respuesta o un alivio?

           Me niego a verla así, utilitaria y recién nacida, como si no tuviera pasado... como si no se dejara unx la vida en esto. Y un poco la cordura. Y un poco la muerte.

           Si bien sigo creyendo que lo último que tiene que ser la creación artística es terapéutica…no puedo negar que lo es. Antes tiene que ser un lenguaje fuera de la comunicación, sin utilidad, una decodificación de algo. Tiene que ser libre de unx mismx (lo artístico/expresivo). Pero sería mentir decir que escribir no nos hace conocernos (su lado terapéutico/expresivo). No es lo que buscamos al escribir que nos conozcan, sino que conozcan nuestra decisión estética, nuestra manera de decir “eso”.

           Lo terapéutico será una consecuencia. Pero no un objetivo, pero no una función. Esto no significa que la poesía no sea transformadora para cada unx de nosotrxs, al leerla o al escribirla.

            Lo terapéutico también está en otros ámbitos que nos ayudan más allá de nuestra obra. No podemos exigirle tanto a un poema, a una canción o a un cuadro... El arte no puede ni debe salvarnos de nada. Pero puede ayudar. No busca ser útil: darle utilidad es darle una jaula, o sea es darle un trabajo.

          Podemos, en un poema, desdoblarnos, ser otrx, ser muchxs. Porque en definitiva, ¿quién no es habitadx por más de unx?

Creo que los poemas y las canciones no son propaganda, ni panfleto, ni ejemplo.

Entonces ahí es donde podemos ser libres: contradecirnos, fallar, fracasar, hacer todo mal, asilvestrar la experiencia.

Después, en la vida a la que últimamente llamo “el plano de la comunicación”, ya es asunto serio: ser mejores con lx otrx, saber cuidar, aprender algo, usar el lenguaje para comunicarse.

    
Es el rol de la sabiduría en la poesía lo que quiero destruir. Pero es lo productivo lo que la poesía viene a destruir.  

Yo, que pensaba que tenía que descifrar algo con la poesía como oficio... Sé que no pude, ni quiero descifrar nada. Y tuve que admitir que la poesía sí tiene secretos, magia, lugares fuera de la lógica y la razón.
         Los símbolos son mutantes y tornasolados, cambian, según cómo les da la luz.
Y la luz es una medida de velocidad, o sea, es tiempo.
Pero tiempo como algo circular.

          Creo que la poesía se transmite solo con su propio lenguaje, algo parecido a la manera de aprender los cantos que tienen los pájaros.

El cómo: una exploración para siempre.
El por qué: una pregunta abierta.
Y para qué: para nada.

La monogamia ya no llora, la monogamia factura
jacqui casais 
enero 2025

 

Una breve introducción


Movida por mis lecturas y mis propias obsesiones, este verano decidí dar un taller sobre poemas de amor. La selección de poemas es variada: desde Shakespeare, pasando por Peri Rossi, hasta Ioshua. Con respecto a la perspectiva, elegí Pensamiento monógamo, terror poliamoroso de Brigitte Vasallo. Hasta ahora, lo mejor que leí, lo que más me ayudó; tan cuidadoso como dinamitante.

Al poco tiempo de lanzar el taller, estalló, junto a la ola de calor, el escándalo Wanda Nara, China Suárez, Icardi. Para mí, que reflexiono sobre distintas maneras de vincularme y no monogamias, fue violento y repulsivo cómo se trató el tema en todos lados, sensaciones que ya había sentido antes con aquella oda a la monogamia y el capitalismo: “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”.


(Escribo “monogamia y capitalismo”, la verdadera pareja estable… Pienso en la raíz de cada palabra y la “propiedad” privada que las une, organiza y potencia. Vuelvo al texto).

Los roles “dinámicos” de la monogamia: La traición tiene víctima y victimario
Los medios y las redes sociales, que influencian y reflejan la opinión pública, construyeron una narrativa centrada en la "traición" y en la figura de La China Suárez como "destructora del hogar", en defensa de la monogamia como sistema y de la familia como institución. La traición tiene figura de mujer: hegemónica, joven, sensual y fértil. Del otro lado, el esquema de víctima/victimario: Wanda Nara, mujer-madre-trabajadora, ícono pop del sacrificio, y Mauro Icardi, un varón al que le sobra testosterona y dinero. Esta estructura moralizante se rompe para hacerse más fuerte en su contradicción: reforzar normas patriarcales y estigmatizar comportamientos que desafían la monogamia.


(Escribo “madre” y pienso en que maternidad y clase son inseparables. Pienso en madre pobre, madre rica, en mamá luchona y ama de casa, en maternidad deseada y aborto, en vientres de alquiler… Y en la otra vereda: padre y padre ausente. Sigo con el texto.)

Si bien el sistema monógamo no es propiedad de lxs heteros, construye sobre las mismas bases binarias y de roles de género. El pensamiento monógamo perpetúa la rivalidad entre mujeres como pilar fundamental de su funcionamiento: Wanda y La China son rivales, antagonistas, mientras que la responsabilidad de Mauro Icardi se desdibuja, pasa de victimario a víctima: el varón que no puede resistirse a la tentación de una mujer peligrosa.


(Escribo “mujer”, palabra sin sinónimo, cargada símbolos, esa palabra tenebrosa que todavía no puedo terminar de romper. Escribo “hombre”, alterno con “varón”, pruebo con “masculinidad/des…”. Salto de idea a idea... Vuelvo al texto.)

Vasallo también dice que: “La monogamia necesita a su opuesta para mantenerse en pie: necesita de la amante, de lo transitorio, de lo considerado menos serio o menos verdadero”. Hay una demonización del deseo fuera de la pareja, un pánico al desbordamiento del deseo, mientras que la estructura de la pareja monógama es defendida a ultranza con afirmaciones sobre lo que, en realidad, estos protagonistas sienten: “Pero él la sigue queriendo a Wanda”.

Un pacto de poder: la jerarquía del emparejamiento
Para el pensamiento monógamo, el amor y el deseo son bienes escasos que hay que proteger para que no nos los robe “otrx”.
La idea de “terror poliamoroso" es el miedo a cuestionar las bases del sistema afectivo predominante y explica, en parte, por qué este tipo de casos generan tanto revuelo y morbo. El pensamiento monógamo genera una fuerte resistencia ante cualquier situación que parezca desestabilizar su lógica: “El terror poliamoroso no es otra cosa que el miedo a perder los privilegios que nos otorga el sistema monógamo” (Vasallo).

La monogamia no es simplemente una elección personal, sino un sistema que organiza los afectos y legitima ciertas relaciones por encima de otras. Vasallo también menciona que: “El contrato monógamo es un pacto de poder más que de amor”. La narrativa alrededor del caso Wanda, China, Icardi privilegia la defensa de este contrato como base de la relación legítima que “otra” vino a romper, a quebrar, a robar. 

Los grandes éxitos del pensamiento monógamo o hay mucho en la nada

¿Por qué nos cuesta cuestionar el pensamiento monógamo cuando escuchamos a tanta gente salir a defenderlo a capa y espada, incluso cuando ellxs mismxs admiten  su violencia?

Me resisto a usar "amor romántico" porque no es exclusivo de la monogamia pero si del pensamiento monógamo que pongo aca en cuestión, el que fomenta competir por la atención masculina, ser suficientemente “proveedor” para que no se vaya con “otro”, ser siempre joven, desear siempre y ser deseable… De lo contrario: el fracaso, el fin del pacto, quedarse sin “nada”. En lugar de cuestionarlo, seguimos ordenando nuestras emociones y nuestra autoestima en un otrx que nos sostenga. Este fragmento de Vasallo sobre el emparejamiento me gusta mucho porque lo compara con otros "refugios" como los fármacos y muestra la dependencia y la incapacidad de imaginar otras resistencias, otros refugios a la intemperie: “En esa realidad sin poética alguna, la pareja cumple una función de soporte necesario. Lleno de violencias, claro, de miserias, claro, de carencias. Pero, junto con los ansiolíticos y los antidepresivos, es una de las soluciones de urgencia más asequibles que tenemos de momento. Desmontar ese núcleo nos deja en nada”.

¿Pasaremos otro verano consumiendo los grandes éxitos de la monogamia? O nos enojaremos al fin lo suficiente como para ver que nuestras dinámicas afectivas están atravesadas por jerarquías de poder y discursos patriarcales, donde las emociones y deseos son disciplinados en función de este modelo, sin margen de creatividad para imaginar en esta “nada” otras alternativas, redes afectivas, vínculos sólidos; sólidos por lo fluctuantes, por lo cambiantes.


(Pienso que Vasallo usa “desmontar”  para romper el emparejamiento y también “bosque” para hacer referencia a “la red afectiva”. Cada vez es más difícil usar las palabras para comunicar o referirme a una idea: las palabras están vivas porque se pueden moldear, el lenguaje está vivo porque cambia, los vínculos, entonces, para estar vivos tienen que poder cambiar. Por ahora termino con el texto.)

Les mando un beso y nos vemos la proxima que quiero escribir sobre espacios de ruido y resistencia contra el silencio.

Jacqui

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